Vacío
by María Macías on

Todo era demasiado extraño. 
Una habitación gris decorada con un gran ventanal y una puerta que parecía perder el equilibrio por momentos. Siete montones de libros se apilaban de manera accidentada, estaba claro que la perfección no se podía definir en aquel pequeño espacio que se hacía inmenso por el exceso de espacio, espacio vacío. 
Sus pasos iban tanteando el terreno y, como si de una ironía se tratara, buscaba un sitio donde sentarse... ¿acaso no había suficiente espacio? 
Cuando terminó de decidir, se encontraba enfrente de esa cristalera que le permitía ver el exterior. Llovía pero el sol seguía brillando. Empezó, entonces, a juguetear con las manchas blancas que había dibujado el mármol gris de aquella estancia fría. Sus dedos decidieron seguir una mancha que formaba un camino, su curiosidad le había brindado la oportunidad de conocer un poco más sobre la eternidad de la ruta del mármol. 
Y sus dedos pararon en seco, chocando con uno de los montones de libros. Echó la vista hacia arriba y agarró el primer libro del montón. Estaba cubierto de polvo, y un simple soplo no podía con todas aquellas partículas que estaban adheridas con demasiada fijación. Con su mano sacudió todo el polvo restante dejando ver un título que parecía estar escrito en otro idioma. 
Abrió el libro y sólo encontró hojas en blanco, páginas vacías casi como aquella habitación. Sin embargo, la última página fue clave para romper la impasibilidad:

"¿Qué se siente cuando no se siente nada?"




Inexorable
by María Macías on

Me gustaron sus manías, ¡qué manías tan imperfectas! 
Manías y manos maniataban la inquietud. 
Inquietante su mirada y sus modos de mirar. 
Dejaba los modos a los pies de la cama y sabía que a la orilla de su sombra empezaba la perdición. 
Perdición su boca con su forma de besar. Tan sólo me bastó escuchar su voz para entender que besaba diferente. 
Y una voz me empezó a despertar de aquel duermevela, que todo lo soñado era real, que lo real era un sueño... 
¡Qué sé yo!
Unas manecillas estáticas que echaban a correr cuando mirábamos el reloj.

Un solo deseo. El mismo deseo.





Tango a medianoche
by María Macías on

Sentirte tan cerca que pueda sentir como míos tus latidos. 
Sentirme tan tuya como sentirte tan mío. 

Descubrir que un tango no siempre está lleno de despedidas...



Os dejo un secreto en forma de música. Espero les guste. 



Nantes
by María Macías on

Tus intenciones caminan de puntillas, creo que juegan a escondidas con las mías y han ido hasta aquel rincón donde nuestros cuerpos murmullan que la belleza más perfecta es la de las almas desnudas. 
Y mientras tu tanteas el terreno, yo voy preparando mi vuelo; tú me recuerdas que jamás pierda la sonrisa, yo... 
Nadie nos gana en ganas, gáname pasos y piérdeme entre caricias que mecen los cuerpos. 
Tan lento y dulce, que sea así. Y mientras se entrelaza la noche y el día, nuestras ropas en el suelo serán el manto de la madrugada que abriga la soledad, y tú sonrías recuperando el aliento. Seguiré poniendo mi canción favorita...

Otra vez más, vuelve a reír. 





¡Os dejo la banda sonora de esta entrada! 





Y sin embargo...
by María Macías on

Una copa de ron abrió paso a un centenar de sentimientos ocultos tras una mirada atrevida que pedía a voces silenciadas, dejar caer al vacío el miedo que le haría enfrentarse a la locura.
Escondidos entre unos besos y jugando con la marea, enredando con el diablo y protegiéndose de su suerte, la noche puso fin cuando el amanecer levantaba por el horizonte, sus colores tan dulcemente estremecedores.
Demasiados barcos a la deriva, demasiado camino aún por navegar. 
Y sin embargo, él prometió ser marinero de su cuerpo mientras ella juró ser su faro. 

- No te preocupes por mí. -le dijo- Pues el diablo protege a los suyos. 


Rota (Cádiz)


Te recordé amargo
by María Macías on

Mientras tanto aquel té se fue enfriando mientras recordaba aquella tarde de verano que, de un momento a otro, se convirtió en otoño. 
Tus brazos sostenían la armonía y la paciencia comenzó a bailar con tus piernas, dejándose llevar por el ritmo y la impaciencia del traqueteo. Tus manos -pendientes de respuesta- dibujaban en las mías garabatos sin sentido, un sin sentido que carecía de desamor.

Te recordé amargo porque el miedo es cobarde y deja de lado el valor. 
Tu sonrisa sigue sosteniendo la mía mientras que el té amargo sigue en aquella taza disipando su calor. 

Y es que entre tu boca y la mía aún deambula pasión.



 

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Soy un lío de ideas perdidas entre sonrisas, ilusiones y locura. Caracterizada por una alegría que sólo algunos entienden. Quizás sólo los locos como yo, son capaces de comprender que la cordura y el amor no hacen buena pareja porque para amar se necesita algo de locura.